Podemos echa el resto en Madrid. El secretario de Organización y portavoz del partido, Pablo Fernández, ha anunciado este martes que se someterá a las primarias de su partido para ser el candidato al Ayuntamiento de la capital. Fernández, exprocurador en las Cortes de Castilla y León, hará así tándem con la líder de la formación, Ione Belarra, que se ha lanzado también a la carrera para la Presidencia de la Comunidad de Madrid . Podemos está fuera de ambas instituciones y la fortaleza actual de Más Madrid, una escisión de su propio partido que ha logrado implantarse estos últimos siete años en la región, complica su regreso tanto al Consistorio como a la Asamblea. Seguir leyendo
A mí me gusta observar a Irene Montero porque desde que se fue a Europa ha mejorado notoriamente. Sin ironía afirmo que su nuevo brillo especial me parece la demostración empírica de que la clase media existe. Esto es importante, porque la nueva izquierda defendía, con una cerrilidad nacida de la aversión al vocabulario PSOE, que ese estamento nunca existió: según ellos fue un ardid neoliberal para desunir a los trabajadores. Yo misma he sostenido durante mucho tiempo que tan obrera es una dependienta de Massimo Dutti como un operario de Compresores ABC S.A. de Eibar. Y aunque lo sigo pensando me resulta imposible negar que mil euros más en un salario —no digamos ya 7.000 que gana un eurodiputado— pueden reconfigurar por completo el horizonte y la calidad del sueño de una familia. No se equivoquen: paga mucho mejor cualquier fábrica vasca que una tienda multinacional de Amancio Ortega. Solo resulta iluso igualar a todos los asalariados, cuando en los barrios más humildes de las grandes ciudades el estipendio mínimo a veces no llega ni al SMI. Ahí las mujeres, que no compran jamás la alta gama de Inditex ni maquillajes de marca, convierten en cornucopias inauditas 20 euros de supermercados low cost . No pretendo inmiscuirme en la economía doméstica de una política corajuda que defiende todo aquello en lo que creo —la igualdad de género, la redistribución de la riqueza, los impuestos progresivos, el pacifismo, lo público— y a la que veneré el día que se encaró con aquella vieja que le reprochó haberse comprado un chalet: “Señora, con mi dinero hago lo que quiero”. Al revés. He admirado su titánica resistencia feminista en un parlamento lleno de machorros, frente a los que defendió a ultranza un concepto, el consentimiento, que escandalizó mucho hasta que en Bruselas le dieron todita la razón y ahora le alabo la valentía de dejar una posición bien pagada allí donde otros chupan indefinidamente. Solo confío en que cuando gane nos suba el sueldo a todos.
Irene Montero, rodeada de la líder de Podemos, Ione Belarra, y el responsable de antirracismo en el partido, Serigne Mbayé, este sábado en el Espacio Larra de Madrid.