En la cárcel del Rodeo I, donde todavía están detenidos decenas de presos políticos en Venezuela, una de las formas más habituales de castigo consiste en trasladar a los presos a una de las ocho celdas del cuarto piso. Esta es un área de aislamiento, donde los presos son suspendidos por las muñecas, mantenidos desnudos y expuestos a bajas temperaturas. Allí reciben continuas golpizas por parte de los guardias penitenciarios en represalia por protestas —incluidas huelgas de hambre— iniciadas por ellos o sus familiares para exigir su liberación o denunciar sus condiciones de reclusión. Esta forma de tortura está documentada en la más reciente actualización de la Misión de Determinación de Hechos de Naciones Unidas, que desde 2019 investiga detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas en Venezuela. Seguir leyendo