Quedarse sentados a escuchar a Netanyahu
Decenas de delegados abandonaron el jueves el debate de la Asamblea General de la ONU cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se disponía a pronunciar su discurso. La salida de la sala es un gesto de desprecio diplomático con un largo historial en las Naciones Unidas, pero el líder israelí ha sufrido una versión de proporciones especialmente destacadas. Es sensato, por supuesto, apuntar a posibles incoherencias de los países que se levantaron ayer pero se quedaron sentados en el pasado ante tantos discursos de dictadores infames que reprimieron a sus pueblos a lo largo de la historia de la ONU. Sin ir más lejos, esta semana habló ahí mismo el presidente de un régimen –el iraní– que ha recientemente masacrado a miles, tal vez decenas de miles, de sus ciudadanos en una represión terrible. Pero eso no puede hacernos desviar la mirada de lo que significa quedarse sentados hoy a escuchar a alguien como Netanyahu. Esta columna tratará de reflexionar sobre ello, con especial referencia a los europeos. Seguir leyendo